domingo, 12 de febrero de 2012

SU EMINEN-CIA HA HABLADO (y ha subido el pan, claro)



¡Qué hermosa estampa pardiez! El obispo de Orihuela llegando en burrotaxi al templo.
Obsérvese el cortejo, en especial el burrotaxista y sus hermosos tirabuzones a lo Shirley Temple.
  Un nuevo azote ha surgido de las fauces celestiales. De la innumerable cohorte de criaturitas obradas por sus preciosísimas manos, de las que pueblan y adornan la bóveda celeste, ¡Cuán milagrosas son sus efigies de medio cuerpo que nos sobrevuelan! De todas ellas surge un nuevo y poderoso azote de creencias vanas, ¡martillo del código canónigo!, ¡Oh lumbrera que nos guías! ¡Oh sempiterno resguardo de nuestras ínfimas collejas! ¡Ha llegado el cruzado impenitente! ¡Aferra tu colada con prietas manos y sacude en la cerviz de los que rezongan en la inmundicia pertinaz! ¡Ante tu sapiencia cuasi divina, inclinamos nuestras molleras a la par que nos hincamos de hinojos! Bueno dejemos ya los preámbulos que nunca llegamos. Apréstense a recibir al Cid de la armada episcopal, el Charles Bronson de “Te voy a dar pal pelo” su último éxito, ó aquélla otra inolvidable “Os voy a dar ostias como panes”, hablando en términos eucarísticos por supuesto.
El prelado, ya alabado hasta la saciedad, no es otro que Monseñor Jaime Puyol, arzobispo de la bella Tarragona. En unas memorables declaraciones que a continuación reproduzco, se hizo merecedor de nuestros más bizarros vítores.
En una entrevista (algunas las carga el diablo) concedida al programa Els Matins de TV3, dijo sin que se le meneara el flequillo que: “Existe la igualdad entre hombres y mujeres en la Iglesia católica porque todos somos hijos de Dios y todos tenemos la misma dignidad…La Iglesia está formada por fieles, por los bautizados, uno entra en la iglesia cuando es bautizado y todos somos iguales. Después tenemos diferentes funciones", ha afirmado el primado. "Si me pregunta cuándo llegaremos a tener las mismas funciones (entre hombres y mujeres) -ha añadido el arzobispo- le diré que yo nunca podré ser una mujer. Y, hoy, la mujer en la Iglesia tiene un papel importantísimo, nunca la he sentido un poco más abajo que nosotros". El primado tarraconense ha defendido: "una mujer no puede oficiar porque cada uno tiene una función. Yo tampoco puedo hacer algunas funciones que hacen las mujeres. No puedo traer los hijos al mundo…Yo nunca podré ser una mujer”.
Para el prelado, que a los 18 años pidió ingresar en el Opus Dei y que convivió once años en Roma con Escrivá de Balaguer, el aborto es "un gran daño para nuestro país y para las personas que lo hacen".
Vayamos por partes. En primer lugar eso de que Ud. nunca podrá ser una mujer, permítame que lo ponga en duda eminencia. Mire, sólo con imaginarlo con una frondosa melena negra de gráciles bucles y tirabuzones, aventados al poniente, me hace gozosamente feliz. Póngase manos a la obra, ya sabe un buen trabajo de chapa y pintura, y así, yo mismo he visto a muchachos, transformarse en fermosas cristianas. Con paciencia y con ahínco, lo mismo en un breve plazo puede decir, ahora si soy una mujer. Y Ud. Mismo podrá comprobar lo bien que se le sigue dando oficiar misas y que no existe ninguna imposibilidad cerebral bajo la que, durante el transcurso de una celebración eucarística, no pueda articular palabra, pensar, acordarse del ritual romanorum ó cosas por el estilo. Verá como el divino jefe le permite recitar de peapa la liturgia, sin más obstáculos que su propio disco duro y su procesador preconciliar, ¡Qué le vamos a hacer!, el jefe es así de generoso con todas sus criaturas, masculinas y femeninas. Me atrevo a profetizarlo con 100% de acierto. ¡Atrévase hombre!
Ahora entiendo eso de las dignidades en la vida monacal, ¡claro! las mujeres conventuales están modeladas para poner flores en el altar, cuidar ancianos y niños, hacer la comida, hacer de secretaria y todas esas tareas que encomienda la Santa Madre iglesia a las monjitas. Las seglares están modeladas para los fines que las divinas escrituras les encomiendan, atender al varón y parir hijos, por supuesto a criarlos conforme al dogma. Tareas que, por supuesto, no van asociadas a la prédica, ni a la de oficiar de misas cuyo singular destino, por obra y gracia de las divinas escrituras, es admirar las bondades de la gastronomía de otros y degustar las exquisiteces con las que nos santifica el altísimo. Incluido la sangre del cordero en forma vinícola. Pero ¡ojo! Que todos somos iguales porque tenemos dos ojos, dos orejas, dos brazos y dos piernas, cabeza, tronco y las susodichas extremidades. ¡Qué inalcanzable es la sabiduría del altísimo!, que en su divina misericordia nos hizo a todos/as con los mismos atributos. ¿Seguro?
El bautismo nos hace a todos iguales luego, antes del bautizo todos somos desiguales. Interesante. Iguales en el bautismo pero con diferentes funciones, como si vinieran ya puestas por obra y gracia del espíritu santo. Con este mundo funcional que proclama su Eminencia, en donde cada uno/a tiene su función, no es necesario evolucionar ¡todo resuelto! ¡ay!...el Opus Dei, que cantera interminable de artículos para este blog, que haríamos sin ellos.
Dios despierta del sopor, deja tu pertinaz baja, que ya no te la paga el amo, que ya no te puedes poner ni enfermo, que te crujen, así que espabila y aprende chino comunista, que no veas el éxito que tienen.

domingo, 22 de enero de 2012

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA MAESTRA...


El obispo de Almería saltándose las medidas de seguridad ¡Póngase el casco que la tiara sólo para los golpes del Maligno, pero no un ladrillazo, hombre de Dios!


Como los prelados diocesanos dirigen sus compungidas, cuaresmales apelaciones y demandas al Altísimo y este resuelve a través de su administración de angelicales funcionarios, ya saben, legiones de regordetes querubines en forma de cabecita dotada de milagrosas alas, también en su imagen terráquea el Tribunal Constitucional, alto tribunal donde los haya, ha resuelto. ¿Qué?
Han sido necesarios once largos años, que se dice rápido, para que a una maestra de religión almeriense le hayan dado la razón por un despido improcedente. Si le hubieran pillado las reformas laborales aznariana, zpeana y rajoniana, ahora se iba a reír la criatura. Y es que ya ha llovido, once años, madre mía. Bueno pues eso, once años han hecho falta para declarar nulo el despido de la docente feligresa, que en su inmaculada virtud explicaba las verdades doctrinales a los neófitos escolares. Ahora, que cosas tiene la vida, tiene que ser readmitida para impartir la verdad imperecedera a los tiernos infantes. ¿No se le habrá olvidado el catecismo?
En la sede diocesana almeriense, la noticia ha sido recibida con rechinar de dientes, mesado de crines, rasgado de vestiduras y hasta de un “¡Idos todos a tomar por…!” nos ahorramos el resto de la frase por hallarnos en horario escolar. No, no ha sido bien recibida para que vamos a engañarnos. Y es que, ¿A santo de qué venía despedir a la pobre mujer?, porque ¿se desposaba civilmente con un varón divorciado? Pueden parecer argumentos sacados del pleistoceno, pero cuando han recibido la noticia en la sede diocesana, el prelado ha estallado en jubilar contrición: ¡Que no la readmito! ¡Que no, que no!¡Ea!
Todavía escuece, todavía pica, todavía mortifica, ergo los argumentos continúan vivitos y coleantes. Veamos.
Una maestra de doctrina religiosa católica, debe ser de ejemplar virtud, de probada castidad y de una pureza inmaculada, al menos, antes de los deposorios. Condiciones que, a ojos de la santa Madre Iglesia, no debía cumplir la desdichada. De ser desposada, debe hacerlo una vez en la vida, que para eso a la primera se encuentra al príncipe azul y el príncipe por supuesto debe ser varón ejemplar en lo de las costumbres maritales, que en los asuntos del césar (los mundanos asuntos de la pela, hablando en plata) será lo que Dios quiera, que para eso Dios no manda en las finanzas, ¡qué pena por Dios, qué pena! (De esto sabe tela cierto yerno real…)
Pero lo peor de todo es que el Tribunal ha condenado a indemnizar a la maestra, con cerca de ¡DOSCIENTOS MIL EUROS! Del rechinar de dientes se ha pasado a la úlcera estomacal, a la santa mortificación y por último a las imprecaciones infernales. Aunque la factura la pagará el Ministerio, que para eso es un ministerio a imagen y semejanza del de los divinos cielos que nos circundan la mollera y por ello le toca en suertes el abono de tan noble penitencia.
¿Dios mío porqué me has abandonado?, mascullaba amargamente el obispo tras ser azotadas sus orejas por la nueva. Y es que al principio del rosario de sentencias, todo parecía ir bien, había sobradas razones para la dicha y el alborozo, las anteriores sentencias daban la razón a la diócesis. Todo era gozo, ¡Santífico gozo, pardiez! Debía ser porque los tribunales que habían sido favorables a la diócesis, eran instancias bendecidas entre sublimes y excelsos coros monjiles al son de “Yo tengo un gozo en el alma grande”, pero hete aquí que una instancia escapó al hisopo y quedó en manos del maligno, ¡el Tribunal Constitucional! O acaso…¡nunca creyeron que la cosa fuera a llegar tan arriba! Y por eso se olvidaron de bendecir a la alta instancia Constitucional, ¡claro! Enigma resuelto. ¡Voluntad del Jefe!